sábado, 1 de octubre de 2016

Feliz cumpleaños Amparo

El tiempo solo pasa cuando percibimos cuando tenemos los ojos abiertos y solo cuando somos capaces de contemplar por los distintos estados que pasa algo, somos capaces de ver el tiempo.

Un tiempo que no existe en realidad, aunque nosotros creamos que si, porque la vida en si misma no tiene ni principio ni final, por lo que el verdadero valor del tiempo solo forma parte de nuestra propia imaginación. El nacimiento no es el principio, al igual que la muerte no representa el final.

El tiempo es algo que se repite cada día, debido a las costumbres culturas y sociales, todos los días alguien cumple años, desde que nuestros antepasados nos hablan en nuestro presente que es el pasado suyo y el nuestro, porque en este mismo instante, el presente es el futuro de tú propio pasado. Un pasado, que parece algo muy lejano, como sino pudiesemos recordar cada fotograma de nosotros mismos, engañando así al propio significado de las limitaciones de nuestros sentidos.

Unos sentidos que nos engañan, mostrandonos solo una parte insignificante de un total de la realidad. Una realidad sin límites, donde no somos capaces de ver, pero consideramos que si tenemos los conocimientos, para poder ver más allá de lo que a simple vista queremos ver.

Un lugar donde la mente piensa, mediante unos conocimientos que hemos recapitulado a lo largo del tiempo. Del tiempo, que el ser humano le da mucho valor y sentido cronológico, para poder darle un conocimiento del mismo. Donde a cada minuto de nuestra propia vida, tomamos consciencia de nuestra propio desconocimiento de lo que creemos saber, porque el tiempo así nos lo hace saber.

Todos percibimos el valor de la consciencia de cada uno de nuestros actos y con ello creamos el conocimiento de nuestra percepción de la realidad del tiempo y con ello dice que el ser humano tiene más sabiduría y madurez , pero ¿y el inconsciente? ¿qué madurez tiene el inconsciente? ¿ qué edad cronológica tiene? ¿ cuál es su propia realidad?

Este mundo azul con sus turbolencias es el simbolo de la vida, unas desavenencias que somos capaces de transmitir de una forma usando nuestras emociones y sentimientos, unas emociones que se nos son enseñadas a lo largo del tiempo que es acotado, en un momento determinado, pero el tiempo no termina ahí, el tiempo sigue pasando, como sino existiese el mañana, porque tampoco existe el hoy.

Tan solo queda la representación de un nudo de recuerdos, de la gente pasa por delante de nosotros y aunque creamos conocer, nos estamos engañando a nosotros mismos, porque no nos conocemos a nosotros en su total plenitud, con distintas versiones de nuestro propio yo, poniendonos cada disfraz a cada gala con la que deleitamos nuestra presencia física, tampoco tenemos tiempo para conocer al otro. Seamos “realistas” en la medida de lo que nuestra mente y conocimiento sea capaz de llegar.

La vela es la representación simbólica de la vida del ser humano, todo empieza cuando alguien nos da luz, donde cada vez que algo pasa, nos caemos y nos apagamos en un total de silencio y nos vuelven a poner la llama para volver dar esos pasitos que debemos de dar y así pasamos casi todo el “tiempo”. Donde la amistad es representada por una simple cerilla, en algunas ocasiones las personas nos dan luz y otras, sin embargo, se rompen y hay que desecharlas, porque ya no se nos es útil para seguir el camino, un camino que en si mismo no existe, al igual que tampoco existe las piedras, ni tampoco las metas. Donde la oscuridad no es el antagonismo de lo que entendemos que es la luz para cada uno de nosotros.



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