martes, 20 de mayo de 2014

La verdad absoluta despierta la curiosidad, 
aquella que no es corrompida por su bondad
siendo castigada por las normas de la sociedad. 

El ser humano no es dueño de su voluntad, 
a lo largo del tiempo queda marcada su castidad
aboliendo así su propia libertad,
creciendo en una casta sin luminosidad. 

Valoramos en exceso los bienes ajenos,
pensando de forma errónea que así más felices seremos
cambiando la entrega material por la de nuestros pecados, 
perdiendo de manera efímera el valor de cada uno de nuestros centavos. 


1 comentario:

  1. ¡Hola! :)

    Me gusta, está muy bien escrito :)
    Un besazo. Pásate por el blog si tienes un momento ^^

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