miércoles, 4 de diciembre de 2013

El cementerio encantado

 Erase la noche de todos los santos, en un cementerio cualquiera, donde la oscuridad estaba acompañada por los suspiros del viento, obligando a las hojas de los arboles más próximos, a caminar por aquellas calles desiertas. Solo aquellas tierras eran observadas por la luna y las estrellas, hasta que de repente un año todo cambio, cuando un esqueleto por estas fechas, dio rienda suelta a sus hermosos huesos, empujando hacia arriba su propio ataúd, volviendo así, al mundo de los vivos. Se miro las manos, miro a su alrededor, puso un pie delante del otro y empezó a caminar, a medida que los segundos pasaban los huesos vecinos cobraban vida, formando un grupo numeroso, caminaron durante un largo trayecto, hasta llegar a la población civil.

A medida que la gente los iba contemplando, no daban crédito a lo que sus ojos le estaban ofreciendo, mientras ellos se preguntaban¿ donde habrá conseguido un disfraz tan bueno?.

Todos los miraban atónitos, sin perderles de vista, viendo cada uno de esos huesos el movimiento que realizaban. Había niños muy curiosos que al verlos se les acercaron y les preguntaron ¿ truco o trato? El esqueleto al querer contestar que no con la cabeza, no controlo mucho y su cabeza dio un giro completo sin mover el resto de su cuerpo, al ver esto los niños salieron corriendo asustados, pero los esqueletos no contestaban, solo querían disfrutar de aquellos lugares que tenían en sus respectivas memorias, los teléfonos no paraban de sonar entre los vecinos, asustados ante aquellas personas extrañas, que se movían y que no articulaban ninguna palabra, las persianas se bajaban, las ventanas cerradas, la seguridad era máxima, ante aquella novedad.

Algunos esqueletos se fueron al único bar que estaba abierto a esas horas de la noche, el camarero les sirvió unas cervezas, pero por más que intentaban beber se les caía al suelo, el camarero le enseño el mocho indignado para que lo limpiara todo lo que había tirado, al no contestar, un cliente le zarandeo y todos los huesos se desparramaron y en un instante se volvieron a recomponer, el camarero sin decir ni una sola palabra y con mucho miedo limpio lo que el esqueleto había tirado en el suelo.


A las doce menos cuarto sonaron las campanas y los esqueletos tomaron la iniciativa de volver a su lugar de origen “ el ataúd”, porque a las doce se les cerraban las puertas. Las malas lenguas hablan de los esqueletos  se comieron a los niños, otros dicen que no fueron a un bar, pero lo que si están todos de acuerdo, es que no querían que volviera a ser, la noche de todos los santos.  

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