martes, 24 de septiembre de 2013

Sangre oculta (1º página)


En california y sus alrededores había una mala costumbre, por la parte que corresponde a las trágicas defunciones que presentan, cada vez con mayor frecuencia, sin un porque aparente, sin testigos, sin huellas, sin …

Carlos, es un chico de veintitrés años, rubio, alto, fuerte, ojos verdes, cara alargada, fibrado, labios finos y recién salido de la preparada academia de policía, hoy tiene su primer turno y como no podía empezar de otra manera, ha empezado por la noche, el turno que ningún veterano quiere, debido a la costumbre que tiene esa ciudad, que es apagar las luces de la ciudad con la finalidad de contribuir a la mejora del medio ambiente y es cuando suceden las cosas más raras, que cualquiera de nosotros podamos imaginar. La costumbre de esa academia es ir siempre de dos en dos policías uno novel y uno veterano, por lo que mandaron nada más llegar le asignaron a un compañero, y le comunico su superior que Javier sería su compañero, su compañero tenía veintisiete años, lleva dos años de antigüedad en el cuerpo, moreno ojos verdes, bastante reservado, de pocas palabras, la cara redonda, con pómulos sonrosados, labios gruesos, de gran tamaño, fuerte, una vez estaban ambos allí, su superior les mando a que les esperaran en su despacho, que tenía que hacer unos asuntos, pero que enseguida les atendería, ambos uniformados, se sentaron en las sillas que habían delante de la mesa de despacho, una vez el capitán de ambos entraba por la puerta, se levantaron a recibirlo como muestra de respeto hacia él, una vez se sentó la persona que esta al mando, dio permiso a que lo hicieran ellos.

- Os he reunido aquí para presentaros, hoy es vuestro primer turno por lo que quiero que vayáis a descansar para estar esta noche bien frescos, tendréis que venir aquí a por el coche y empezareis a patrullar, dijo el director Gómez.


Ambos se retiraron a su casa a descansar. Carlos llegó a su casa y se puso a dormir, se levanto para comer y se volvió acostar hasta que sonó el despertador, siendo ese sonido que nos hace levantarnos, para decirnos, que ya es hora de ir a contemplar los problemas ajenos y de observar lo mal que esta el mundo, olvidando tan sólo por un instante de nuestra existencia. Eran las siete y cuarto, se levanto, se ducho con agua fría para así poder abrir los ojos y mirar hacia donde caminaba para ir a la comisaría, donde ese veterano le estaba esperando para su primer día. Se afeito, mientras oía el problema que se le presentaba, ¿ puede haber algo mejor que la lluvia para fastidiar a alguien? Pensó para sus adentros. Se puso el uniforme, cogió el termo de café con los vasos de plástico, ya que sabía que la noche iba a ser larga y quería ir preparado, mientras salía de su casa a las siete y media, se podía una oscuridad húmeda, la lluvia parecía que no pensaba en cesar, donde los relámpagos eran frecuentes, y las gotas salpicaban al rostro complicando así la visión hacia el camino, mientras iba caminando pensativo como sería su compañero, que noche le esperaría, planteándose todas las preguntas posibles que se nos puede presentar a cualquiera de nosotros, ante algo que nos resulta nuevo y que, no nos resulta para nada familiar. Una vez allí a las ocho menos cuarto, estaba el muchacho encogido por la sensación de frío, sintiendo ese dolor que hace que los dedos apenas puedan moverse, traspasando los guantes, mientras se frotaba las manos para entrar en calor y de repente vio que delante de el había un coche que le hacía luces, se acerco y era su compañero, se acerco corriendo al coche, se sentó y cerro la puerta, dejo la bolsa de plástico con el termo y los vasos de plástico en sus pies y se cruzo los brazos y frotándose con ambas manos los brazos, con la chaqueta puesta y esperando entrar en algo de calor, se puso el cinturón, su compañero puso la calefacción y arracaron el coche conducido por Javier y se pusieron a patrullar las calles. Las calles estaban silenciosas, notándose solo, el ruido que producían las ruedas al pasar por encima de los charcos.  

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